Se debería estudiar arquitectura por amor, no por compromiso.
Elegir estudiar arquitectura debería ser una decisión nacida del amor por la disciplina, no una respuesta a compromisos o expectativas ajenas. La arquitectura es un camino lleno de retos, creatividad y dedicación, que demanda mucho más que tiempo: exige pasión. Solo a través de un verdadero interés por diseñar espacios que impacten la vida de las personas, un estudiante puede encontrar satisfacción y propósito en este campo.
Cuando estudiamos por compromiso o para cumplir con expectativas externas, corremos el riesgo de enfrentar la carrera como una carga. En cambio, si lo hacemos por amor, cada boceto, proyecto y aprendizaje se convierte en una oportunidad para crecer, crear y contribuir al mundo.
La arquitectura es más que diseñar edificios: es moldear historias, conectar comunidades y transformar entornos. Aquellos que la eligen por amor descubren que, aunque el camino sea arduo, el placer de ver sus ideas cobrar vida supera cualquier dificultad. Por eso, estudiar arquitectura debe ser una decisión auténtica, porque solo quienes la aman realmente pueden encontrar en ella una vocación que les llene de sentido.